Una operación de los Carabinieri, coordinada por la Dda de Nápoles, ha llevado a la ejecución de medidas cautelares contra 14 personas en diversos títulos relacionados con tres clanes Camorísticos diferentes — Puca, Verde y Ranucci— arraigados en la zona norte de la capital, entre Sant’Antimo, Sant’Arpino, Casandrino y Grumo Nevano.
La medida fue emitida por el Consejo del Tribunal de Nápoles y se basa en un sistema acusatorio que reconstruye la extorsión e intento de extorsión, así como una presunta disponibilidad de armas y un sistema de control del territorio basado en la fuerza de intimidación.
El pacto entre los grupos y la caída común
En este orden se esboza un marco de colaboración entre los tres grupos: una alianza que, según los contaminantes, habría previsto la distribución de las esferas de influencia y una gestión compartida de los ingresos ilícitos.
En este contexto, los investigadores colocan la “llamada”, indicada como un caso común en el que el dinero de la extorsión sería confluente y luego compartido entre los sodalizis.
El episodio del 30 de diciembre de 2017: la solicitud y la amenaza
Entre los episodios reportados en los actos está el relacionado con el concierto de Gigi F Beginning programado en Sant’Antimo el 30 de diciembre de 2017. En una conversación, Domenico Ranucci y Antonio Picciulli dicen a Arena los términos de la presión ejercida sobre los organizadores: reclamarían el pago de una suma (“3000 euros”, se reporta en el diálogo) con la alternativa de “poner el estéreo”, es decir, soplar el rendimiento en vivo su sustitución por música grabada.
En la historia interceptada, los dos investigadores conectan la amenaza a un elemento que, según su versión, haría el agarre más fuerte en los organizadores y en el séquito: la “penalidad” de 30 mil euros que se tomaría si el artista no hubiera cantado (“porque no cantan pagar 30000 euros de pena, el Municipio...”).
Es uno de los pasos clave porque toma fotografías del mecanismo de reclamación: costos de apalancamiento y consecuencias contractuales para obligar el pago.
“Tienes que darnos 5000 euros o poner el estéreo”:
En la misma conversación también se reporta la frase atribuida a los extorsionadores: “¿Empiezo, lo ves en el inicio de Gigi F? Tienes que darnos 5000 euros o poner el estéreo...”. Un pasaje que los contaminantes valoran enmarcar la solicitud como “pizzo” vinculada al evento.
Poco después, en el diálogo, también hablamos de la cantidad que en realidad sería entregada: "¿Cuánto trajo? 3 y 5 me parecen...”, “3 y 5”. Una referencia que, en el vocabulario de la conversación, significa una entrega de dinero (indicado de una manera no perfectamente lineal entre el “3000” mencionado antes y el “3 y 5” recordado más adelante), pero que se dice como resultado de la amenaza: “Como el entorno del cantante se vio obligado a pagar por la extorsión”.
Los detalles “contorno” y el clima de prepotencia
En la parte final del diálogo surgen más detalles que contribuyen a definir el clima: referencias a los temas presentes, a veces citados (“también tomamos la corriente cuando sacamos el hilo...”) e incluso a las mercancías tomadas durante la circunstancia (“también tomamos los jamones...”). Elementos que, aunque no el corazón de la contienda, tienen en cuenta una historia interna que describe el episodio como una “prax” (“siempre fue así...”), fortaleciendo la idea —en el plano investigador— de un método consolidado.
Las otras extorsiones en el territorio
El episodio ligado al mundo de los espectáculos encaja, para los contaminadores, en un contexto más amplio de presiones extorsionantes en detrimento de los comerciantes y empresarios de la zona, con más hechos reconstruidos entre los municipios del interior norte de Nápoles.
El marco descrito en el orden pretende documentar un sistema de imposición de los encajes y el control del territorio, con roles y dinámicas que el Fiscal del Distrito Anti-Mafia cree ser rastreable a los tres grupos indicados.




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