El silencioso feudo en el área de Vesubia: el asesinato de Ottavio Colalongo no es un crimen aislado, sino el epílogo de una oposición camorista arraigada durante años en el área de Vesubia. Afragola, Acerra, Scisciano, San Vitaliano y Marigliano son los territorios disputados por dos grupos opuestos: por un lado el clan filipino, por otro el sodalitius atribuible al grupo Luongo‐Covone‐Aloia.
Una guerra luchó por el control de la extorsión y, sobre todo, las plazas de spaccio, el verdadero salto económico de las organizaciones.
Según la Dirección del Distrito Antimafia de Nápoles, el asesinato del 17 de diciembre de 2025 encaja plenamente en esta lógica: una regulación de cuentas destinadas a redefinir los equilibrios criminales y lanzar un mensaje de dominio en el territorio.
La víctima: Ottavio Colalongo
Ottavio Colalongo, un hombre galardonado, fue considerado un hombre de referencia del clan filipino de San Vitaliano. Hace mucho tiempo que los investigadores han supervisado un tema, ya involucrado en investigaciones previas de la DDA, consideradas centrales para la gestión de algunos cuadrados de controversias por basura.
Su eliminación, según los contaminantes, debería haber roto la resistencia del grupo rival y favorecer la expansión de la asociación Luongo‐Covone‐Aloia.
La trampa: la cita falsa de drogas
La emboscada se prepara por método. Investiga, simulando un interés en la compra de una sustancia narcótica, establece una reunión con Colalongo. Una trampa estudiada en detalle: la víctima está atrapada en Via Giuseppe Garibaldi en Scisciano, a la altura del 52 cívico, un lugar elegido para la ejecución.
De acuerdo con el decreto de parada, la fase preparatoria participa más temas, con roles distintos pero convergentes: quién se pone en contacto con la víctima, que cuida la logística, que garantiza coberturas y rutas de escape.
La ejecución: una “justicia” mafiosa en la calle
En la noche del 17 de diciembre de 2025 Colalongo viaja en la silla de su scooter cuando está flanqueado por una motocicleta de gran desplazamiento, un Honda Transalp. En la silla hay Antonio Aloia y Eduardo Polverino. Después de dejarlo, Aloia explota numerosos disparos, golpeándolo en partes vitales del cuerpo.
Eso no es suficiente. Cuando la víctima ya está en el suelo, agonizando, los asesinos continúan intruyendo, incluso disparando contra la cara. Una ejecución definida por los contaminantes “effered”, típicamente mafiosa, diseñada para inspirar el terror y reafirmar el control criminal sobre el territorio.
Imágenes y errores: cámaras, motocicleta y pistola
La escena del asesinato es reanudada por varias cámaras privadas de videovigilancia en la zona. Las imágenes permiten a los investigadores reconstruir la dinámica del ataque casi vivo.
No sólo. Los asesinos, en la fuga, abandonan en el lugar de la moto utilizada, el arma homicida, una bolsa y un teléfono móvil. Los errores decisivos, que junto con el análisis de las células telefónicas y una actividad imponente de interceptación telefónica, telemática y ambiental, permiten apretar rápidamente el círculo.
Un elemento clave de la investigación se refiere a Ciro Guardasole, ya sometido a interceptaciones en otro proceso: las conversaciones y movimientos son leídos por los investigadores a la luz del asesinato, asumiendo un significado preciso en el mosaico acusado.
Mandantes, asesinos y corchetes: la cadena de mando
Para el DDA, el asesinato surge de una decisión de la dirección del Sodalitius. Nicola Luongo y Antonio Covone se indican como remitentes. Los intérpretes son Antonio Aloia y Eduardo Polverino.
Alrededor de ellos hay una estructura organizada: quien da la bicicleta, que la protege, que proporciona ropa, que acompaña y actúa como relé, que cuida la recuperación de los asesinos antes y después del crimen. Una organización “armada”, con disponibilidad estable de armas, capaz de planear y completar un asesinato en medio de la ciudad.
El método de la mafia y el mensaje al territorio
El DDA impugna el agravamiento del método de la mafia: un crimen premeditado, consumado en modo plano, destinado a evocar la fuerza intimidante del clan y a fomentar el grupo Luongo‐Covone-Aloia en la guerra contra los filipinos.
El asesinato de Colalongo, según los inquilinos, representa un punto de inflexión en la feud: una clara señal a cualquiera que trabaje o tenga la intención de operar en las plazas de espeleología de la zona vensubiana sin la autorización del clan dominante.
Stops, investigations and disputed roles
Antonio Aloia (Napoli, 04/03/1978) – recluso – promotor del Sodalitius y ejecutor material del asesinato
Andrea Aloia (Acerra, 21/06/1999) – preso – organizador
Daniele Augusto (Massa di Somma, 17/09/2004) – soporte logístico y custodia de motocicletas
Bernardo Cava, alias Aldo/Alduccio (Nola, 14/04/1971) – organizador y relé
Antonio Covone (Pomigliano d'Arco, 17/09/1973) – detenido – promotor y futuro
Luca Covone (Ottaviano, 11/02/1999) – organizador y apoyo operacional
Matteo Covone (Ottaviano, 28/10/2003) – suministro de ropa a asesinos
Christian Della Valle (Acerra, 06/03/1996) – búsqueda de los medios y apoyo logístico
Ciro Guardasole (Nola, 14/10/1992) – organizador y coordinación operacional
Nicola Luongo (Afragola, 07/10/1965) – recluso – promotor y reenviador
Eduardo Polverino (Ottaviano, 07/07/2004) – performer material
Giovanni Tarantino (Napoli, 13/04/1980) – organizador y logístico
(en la foto el lugar del asesinato y en la mano izquierda la víctima Ottavio Colalongo, su asesino Antonio Aloia, Andrea Aloia y Nicola Luongo)




El asesinato de Colalongo muestra cómo la violencia en el Vesubiano es un problèma serio y duradero. Los clanes siguen luchando por el poder, pero nadie parece poder detenerlos. Necesitamos una cirugía decisiva.