Nápoles – En los Campos Flegrei la tierra sigue temblando, pero sin consecuencias graves. “En este momento, por suerte, los choques registrados son numerosos pero de baja intensidad”, dijo el jefe de Protección Civil, Fabio Ciciliano, al final de una reunión celebrada hoy en la estructura comunal de Caivano.
La zona de flegrea, entre Pozzuoli, Bacoli y Nápoles occidental, sigue siendo el centro de la atención de los expertos. Un territorio frágil, donde el bradisismo explora la vida cotidiana de las comunidades y nutre el temor de un posible agravamiento de la actividad volcánica. Pero Ciciliano trata de tranquilizar: “Hay una actividad de conocimiento cada vez más profunda, el resultado de estudios en curso, que nos permite leer mejor lo que sucede y programar respuestas”.
Planes de emergencia y capacitación
La protección civil recordó cómo los municipios de la zona actualizaron los planes de emergencia, un paso fundamental para abordar no sólo cualquier escenario crítico, sino también la gestión ordinaria de las actividades de capacitación y planificación. “Trabajamos – destacó Ciciliano – para garantizar la seguridad de los ciudadanos, no sólo en lo inmediato, sino también en perspectiva, con intervenciones en edificios públicos y estructuras estratégicas”.
Un territorio que debe vivir con riesgo
Los Campos Flegrei son hoy uno de los puntos más monitoreados de Europa: una caldera volcánica habitada por más de medio millón de personas, que cíclicamente vive fases de despertar. Las conmociones de baja intensidad son la manifestación más evidente de este fenómeno, que, por un lado, se considera parte de un proceso natural.
“Es un territorio que permanece activo desde el punto de vista volcánico – dijo Ciciliano – y con el que debemos aprender a vivir juntos. El objetivo es transformar esta convivencia en una condición de seguridad, gracias a un pronóstico y prevención cada vez más precisos, especialmente en relación con la finca de edificios e infraestructura”.
Convivencia y prevención como palabras clave
El desafío, por lo tanto, es doble: tranquilizar a los ciudadanos, reducir el miedo que cada choque trae consigo, y al mismo tiempo elevar el nivel de preparación. Un reto que pasa de los controles de la propiedad, la formación de residentes y la capacidad de las instituciones para gestionar claramente la comunicación de riesgos.
“Vivir no significa subestimar – Ciciliano concluyó – sino equiparse con herramientas concretas para tratar todo escenario posible. Sólo así campos flegrei pueden mirar al futuro sin ser rehenes del miedo”.




Los shocks de baja intensidad son preocupantes, pero espero que los estudios en curso ayuden a comprender mejor la situación. Es importante que los municipios estén dispuestos a hacer frente a cualquier emergencia de manera eficaz y oportuna.