Pomigliano. A las puertas de la planta Stellantis en Pomigliano d’Arco, la tensión es palpable. La comisión de Trasnova caducó al 31 de diciembre como una espada de Damocle sobre los trabajadores, que ven en los despidos un espectro cada vez más real. Pero fuera de las puertas de esta mañana, hubo un momento de extraordinaria humanidad y solidaridad.
Los empleados en la guarnición permanente recibieron la visita de todos los párrocos de Pomigliano d’Arco. Un gesto que trajo un aliento de esperanza en una situación crítica. Los sacerdotes, en nombre del Obispo Francesco Marino, con palabras sencillas pero profundas, expresaron cercanía y aliento a quienes luchan por defender su lugar de trabajo. La bendición dada fue recibida por un largo aplauso, un momento lleno de emoción que unió todo el presente.
Emoción entre los trabajadores: “No estamos solos”
No estamos solos, dijeron que algunos trabajadores, con sus ojos brillantes. La presencia de los párrocos fue un signo importante: una invitación a la comunidad para no dirigirse al otro lado, para apoyar a los que tienen dificultades.
La situación Transnova es sólo el otro ejemplo de una crisis industrial que afecta al territorio y pone a las familias enteras de rodillas. Sin embargo, la escena de esta mañana muestra una visión: la solidaridad puede convertirse en un arma poderosa, un antídoto contra la resignación.
Mientras esperan con entusiasmo una solución concreta que pueda prevenir los despidos, los trabajadores de Trasnova continúan resistiendo: la 17 reunión crucial con el Ministro Urso en Roma.




Es muy triste ver una situación tan difícil para los trabajadores de Trasnova. La visita de los párrocos muestra que hay personas que se preocupan. Esperamos que el Ministro Urso encuentre una solución adecuada para todos.