Un agujero circular en el soltero de un Neanderthal vivió hace unos 75.000 años podría ser el rastro de una herida penetrante en el pecho. La hipótesis es compatible con un golpe inferido por una lanza de madera, pero no demuestra por sí misma ni el arma ni la intención del atacante.
Lo que realmente muestra el hueso
La lesión afecta a una escapula, que es el hueso plano que conecta el brazo al tronco y protege parcialmente la parte posterior del pecho. Una abertura relativamente regular puede indicar el paso de un objeto apuntado, especialmente cuando la forma, los bordes y las fracturas circundantes son consistentes con un trauma producido durante la vida.
El punto decisivo es distinguir una herida cuando el hueso todavía estaba fresco del daño después de la muerte. Los huesos enterrados pueden romper el peso de los sedimentos, para el pisoteo, para la actividad de los animales o durante la excavación. La forma de un agujero también puede cambiar con la erosión. Por esta razón los arqueólogos comparan la lesión con traumas experimentales, imágenes tridimensionales y fracturas observadas en otros hallazgos.
Porque hablamos de una lanza
En el Paleolítico Medio, los Neanderthals utilizaron herramientas de piedra y, en toda probabilidad, incluso armas de madera. La madera raramente se conserva: en ausencia de condiciones excepcionales, se pudre y desaparece, dejando sólo huellas indirectas como heridas óseas o trazas de uso en las puntas litúrgicas.
Una herida penetrante en la región del hombro puede ser compatible con una varilla puntiaguda, pero la trayectoria reconstruida depende de la posición del cuerpo y de la movilidad de la articulación. Decir que la lanza fue dirigida precisamente en el corazón es por lo tanto una interpretación más fuerte que la simple observación de una lesión torácica. El corazón está delante y ligeramente movido a la izquierda, mientras que el soltero está de vuelta: entre los dos puntos hay músculos, costillas y otros tejidos.
Si el objeto hubiera cruzado la pared torácica, podría haber causado neumotórax, hemorragia interna o daño a órganos vitales. Sin embargo, desde el único repertorio óseo no es posible establecer con certeza qué órgano ha sido golpeado, ni cuán rápido ha ido la muerte.
Una muerte violenta todavía no es una prueba de guerra
El hallazgo sería importante porque la evidencia directa de violencia entre Neanderthals es rara y difícil de interpretar. Una sola lesión puede resultar de un conflicto individual, un accidente durante la caza, una caída en un objeto apuntado o un evento que no tiene nada que ver con un ataque deliberado.
Para hablar de agresión intencional se necesitan más pistas: la dirección de la herida, la distancia y el ángulo de penetración, la posible presencia de lesiones defensivas, el contexto arqueológico y la comparación con otros huesos del mismo individuo. Una concentración de traumas similares en varias personas tampoco demostraría automáticamente una guerra organizada, pero podría indicar niveles recurrentes de conflicto o actividad arriesgada.










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