DIMISSIONES

¿El mayor riesgo? Dejando Torre Annunziata sin nadie dispuesto a luchar

Si alguien que trata de gobernar en legalidad cae, Torre Annunziata nunca dejará
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La historia que llevó a la renuncia del alcalde Corrado Cuccurullo abre una reflexión que va más allá de la persona individual o del choque institucional individual. Porque cuando esas palabras tan pesadas provienen de un fiscal de la República, inevitablemente producen enormes efectos políticos, sociales y morales. Y este es precisamente el punto: en una ciudad delicada y compleja como la Torre Annunziata, tales acusaciones serias terminan sacudiendo un territorio entero, incluso en ausencia – al menos en el momento – de hechos concretos conocidos públicamente capaces de demostrar responsabilidades precisas de la administración.

Nadie puede permitirse subestimar el peso de las palabras pronunciadas por el fiscal Nunzio Fragliasso. Sería irresponsable. Pero al mismo tiempo no podemos ignorar lo frágil que es el equilibrio de territorios donde la desconfianza, infiltraciones y viejas dinámicas criminales han estado arraigadas durante décadas y no pueden ser borrados con un golpe de esponja dentro de unos pocos meses o unos pocos años.

Gobernar una ciudad como la Torre Annunziata significa moverse continuamente en una trinchera institucional muy difícil. Significa tratar de recuperar la legalidad, la confianza y la presencia del Estado en un contexto donde durante demasiado tiempo prevalecieron el abandono, los intereses opacos y la desconfianza en las instituciones. Es un largo camino. De hecho, mucho tiempo.

Y es por eso que debemos tener cuidado de no destruir incluso los intentos que, a pesar de mil dificultades, tratan de administrar respeto de la legalidad y reconstruir parte tras pieza la relación con los ciudadanos. Porque si alguien que trata de gobernar honestamente está abrumado por un clima que deslegitima indistintamente todo y todo, entonces el riesgo es el denunciado por el propio Cuccurullo: dejar espacio sólo a los “mentierantes” de la política o, peor aún, a aquellos que prosperan precisamente en el caos y la desconfianza.

La delincuencia organizada no es un problema exclusivamente sur. Malaffare sigue dinero, negocios, intereses económicos. Las formas cambian, los territorios cambian, pero el fenómeno está en todas partes. Por supuesto, hay realidades particularmente expuestas, donde las raíces criminales tienen un peso histórico devastador, y Torre Annunziata es una de estas. Pero precisamente por esta razón serviría un esfuerzo colectivo aún mayor para apoyar a aquellos que intentan revertir el curso, identificando y “desconectando” rutas ilegales, no demoliendo indistintamente ninguna experiencia administrativa.

En este momento nadie puede saber si las palabras del fiscal se basan en elementos destinados a emerger concretamente o representan evaluaciones e inquietudes adquiridas durante la investigación. Se aclararán los hechos, las investigaciones y las responsabilidades individuales. Y es correcto que así sea, porque en un estado de derecho la responsabilidad debe permanecer personal y establecida en las oficinas competentes.

Al mismo tiempo, sin embargo, es evidente que tales acusaciones no permiten que un alcalde siga gobernando pacíficamente una ciudad ya tan frágil. Desde este punto de vista, Cuccurullo probablemente tomó la decisión de sentirse inevitable: renunciar a eliminar todas las coartadas, evitar nuevas tensiones institucionales y no arrastrar a la ciudad a un enfrentamiento permanente entre la política y el poder judicial.

Pero queda una pregunta pesada: ¿qué pasa ahora? Porque el riesgo real es que una vez más pagar un territorio entero, que consiste principalmente en ciudadanos honestos que cada día buscan normalidad, trabajo y dignidad. Y entonces tal vez el punto central debe ser precisamente esto: distinguir siempre las responsabilidades individuales del destino colectivo de una ciudad que no puede ser condenada para siempre a su reputación.

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Comentarios (1)

La situación en TorreAnnunziata parece confusa, el alcalde renuncia y la junta es abrumadora, el dossier al Viminalè tiene pesos pero la reacción se confunde; la población merece más diálogo y estabilidad no ataques personales, serviría un enfrentamiento para devolver confianza a la ciudad

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