Fue ejecutado con disparos el protagonista de la agresión que en los últimos días causó la muerte de un motorista italiano en Rumania. Una decisión rápida y drástica, según algunos necesarios, pero para muchos sólo la prueba de cuán lejos está una verdadera cultura de respeto a la vida silvestre.
Denunciar enérgicamente el incidente es LEAL, la Liga Anti-Viviseccionista, que habla abiertamente de “condenación a muerte” por un animal culpable sólo de defender a sus cachorros de un peligro percibido. El hombre, reconstruido, habría parado a lo largo del camino para fotografiar al animal, acercándose de manera imprudente. Desde allí el ataque, violento y fatal. Pero para la asociación animal el trágico epílogo es el resultado directo del comportamiento humano, no de la ferocidad del oso.
“Una madre – enfatiza LEAL – reacciona instintivamente para proteger a sus pequeños. Esto no puede considerarse un delito, al menos castigado por ejecución”. Un mensaje claro que apunta a las autoridades italianas, donde casos similares –como en Trentino– ya han visto la eliminación de varios especímenes de osos tras encuentros cercanos con seres humanos.
Gian Marco Prampolini, presidente de la asociación, pide un giro: más información, más entrenamiento, más prevención. “No necesitan rifles, necesitan educación y conciencia. Todo ser viviente tiene derecho a la vida. Necesitamos una señalización adecuada, campañas de sensibilización, comportamiento responsable. Esta es la única manera de evitar tragedias, ambos lados”.




El oso que ha sido ejecutado sólo ha hecho lo que cualquier madre haría para proteger a sus propios cachorros. Este hecho demuestra que todavía hay tantos problemas de respeto por la naturaleza y los animales en general.