El fútbol italiano saluda a uno de sus protagonistas más silenciosos pero decisivos. Murió en la noche en 91 años Sergio Campana, presidente histórico de la Asociación Italiana Calciatori. Su desaparición ocurrió a las 3.45 en un asilo de ancianos de Bassano del Grappa, su lugar de nacimiento, donde había sido admitido durante semanas debido al empeoramiento de sus condiciones de salud.
Campana no era sólo un futbolista, un papel que jugaba en Serie A con Lanerossi Vicenza y Bolonia, pero sobre todo un abogado con una visión clara: dar dignidad y voz a los futbolistas italianos. En 1968, un año después de colgar las bufandas al clavo y matriculado en el lobby de abogados, fundó el AIC junto con dos outclasses como Gianni Rivera y Sandro Mazzola. Desde ese momento, nunca dejó el liderazgo de la asociación durante 43 años, convirtiéndose en el emblema y guía de todas las batallas sindicales.
Inolvidable la primera huelga de 1974, cuando los jugadores decidieron ir al campo con diez minutos de retraso para protestar contra el tratamiento reservado a Franco Scala, "culpable" de haber rechazado un traslado forzado de Bolonia a Avellino. Un gesto simbólico que marcó el comienzo de una nueva era, hecha de derechos, salvaguardias contractuales y respeto a quienes viven el fútbol como un comercio.
Sergio Campana ha encarnado durante casi medio siglo la figura del defensor de los jugadores, capaz de mediar con la política deportiva y de luchar firmemente en un mundo a menudo dominado por los intereses económicos. Con él desaparece un pilar del fútbol italiano, un hombre que ha podido combinar la pasión deportiva, el rigor profesional y el compromiso civil.




Y una gran pérdida para el fútbol italiano la muerte de Sergio Campana, pero creo que su legado siempre seguirá vivo, dada su compromiso. Hizo mucho por los jugadores y sus derechos.