Arzano – No hay paz para los que visitan a sus fallecidos en la zona del Consorcio Cimita que sirve a los municipios de Arzano, Casoria y Casavatore. La plaga de estacionadores abusivos sigue estrangulando la zona con una presencia constante, de acoso y cada vez más estructurada.
Un fenómeno que, especialmente los sábados y domingos, supera el simple desorden de la paz pública para entrar en una verdadera actividad de extorsión sistemática, impuesta por la fuerza de la intimidación a cualquiera que busque un lugar para detenerse.
La impunidad garantizada por los ciegos
Para garantizar la impunidad de la banda hay una densa red de espectadores: “palms” colocados en los puntos nerviosos de la zona, listos para lanzar la alarma tan pronto como en el horizonte aparece una patrulla policial.
La nueva cara atada al clan 167
En los últimos tiempos, el equipo de gestores falsos de la parada ha enriquecido una nueva figura que está suscitando fuertes preocupaciones. Según lo que surgió, sería un tema vinculado por estrechos lazos de parentesco a cuatro miembros prominentes del clan Camorrístico del “167”.
El hombre, ahora convertido en una presencia fija y basado en numerosos y detallados informes de motoristas sería el principal gerente de las últimas demandas de dinero: rígidas demandas económicas y perennes que convierten el estacionamiento en una tarifa de acceso forzado.
El modus operandi para escapar de los controles
Efectiva y emblemática es el modus operandi utilizado para escapar de los controles. Cuando los miradores o los coches de servicio de la policía local llegan en el lugar, el nuevo estacionador de coches, anticipado por los cómplices, abandona el exterior y los refugios rápidamente dentro del cementerio, camuflando entre las capillas y las avenidas del campo.
Después de la alarma, todo comienza de nuevo
Una vez que la alarma ha cesado y se eliminan las fuerzas del orden, el hombre emerge con facilidad de las puertas y vuelve a pedir dinero, regresando a la zona esa atmósfera de impunidad que los ciudadanos exasperados piden una voz fuerte para romper.
P.B.




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