El Papa Francisco se disculpa. Con el término “frociaggine”, dijo en la reunión cerrada con más de 200 obispos italianos, el Pontífice “nunca ha tenido la intención de ofender o expresarse en términos homofóbicos, y aborda sus disculpas a los que se sentían ofendidos”, dice el director de la sala de prensa de la Santa Sede Matteo Bruni.
Añadir: “El uso de este término ha sido reportado por otros.” Parece cada vez más veraz la impresión – como se filtró por algún presente en la reunión en el Sínodo Hall – de que Bergoglio no era realmente consciente de la gravedad de la palabra utilizada. Un error de concepción que está mal reconciliado con las aberturas que siempre ha mostrado hacia el mundo LGBTQ.
Y si en el Vaticano la vergüenza de los restos de la diapositiva, hay quienes hipótesis que el término "maricas” fue sugerido al arte por aquellos que buscan desacreditarlo. “Papa Francesco es consciente de los artículos publicados recientemente sobre una conversación cerrada con los obispos de la CEI”, dice Bruni respondiendo a las preguntas de los periodistas. “Como tuvo la oportunidad de afirmar en varias ocasiones, ¡en la Iglesia hay lugar para todos, para todos! Nadie es inútil, nadie es superfluo, hay espacio para todos. Como somos, todos.".
El Papa no es nuevo para burlar, en expresiones coloridas, sin dar demasiado peso a los matices que una palabra puede tener en italiano, que no es su lengua materna, o en un italiano traducido por el español en su intervención en el brazo. Un ejemplo, siempre refiriéndose a la homosexualidad, es el uso del término “psiquiátrico” en lugar de “psicológico” respecto al apoyo que un joven podría tener en caso de que no estuviera seguro de su orientación sexual.
También en esa ocasión, las polémicas no fallaron, pero el propio Francisco, al comienzo de su Pontificado, hablando de sí mismo y del hecho de que prefirió vivir en Santa Marta en lugar de en el apartamento del Palacio Apostólico, habló de “razones psiquiátricos”, sugiriendo la no perfecta maestría del italiano en sus rostros, entre “psicología” o “psicanálisis”.
El amargo en la boca permanece para cómo el “accidente” sucedió, en un encuentro de puerta cerrada. La fatídica frase del Papa Francisco “¿quién soy yo para juzgar?” que marcó un punto de inflexión, y hace olvidar que es el mismo Pontífice quien repetidamente acogió y escuchó los dramas de numerosas trans en el Vaticano (con algunos de ellos se entretiene una relación epistolar).
Él mismo, a través del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, dio el camino libre a la posibilidad de que un transexual o homosexual reciba el bautismo o para hacer padrino o madrina, o para ser testigo en un matrimonio. El acceso a los seminarios es sin embargo una cuestión de poca cuenta.
Hay una reflexión dentro de la CEI sobre los criterios a seguir para admitir futuros sacerdotes. Sobre la presencia en la Iglesia de las personas homosexuales hay una confrontación muy dura entre ultraconservadores y progresistas, como lo demuestra la brecha cada vez más amplia con Alemania, donde los obispos cuestionan a la Iglesia de Roma sobre las bendiciones a las parejas gay, a pesar del documento “Fiducia Supplicans” sobre el sentido pastoral de las bendiciones a las parejas irregulares o del mismo sexo. Documento que ha aumentado el malumori también entre los conservadores.



