Había reubicado en las bodegas de un palacio en las afueras del norte de Turín, en el distrito de Barriera de Milán, protegido por un grupo de amigos. No hay teléfono inteligente en la mano, ni en vivo, ni vídeo para convertir en contenido viral.
Es allí donde el equipo móvil de la estación de policía de Turín, coordinado por el fiscal, arrestó a Said Alì, de 24 años, conocido en línea como Don Alì, autoproclamado “rey de la maranza”.
El joven, italiano de origen marroquí, fue buscado por unos días. El viernes por la noche su escape terminó con sus esposas, al final de una investigación que lo ve acusado de actos perseguidos y de difamación agravada.
De amenazas a Nápoles a la fama social
El nombre de Don Alì no es nuevo en las crónicas. El año pasado el tiktoker había saltado a los honores – y los horrores – de las crónicas para una serie de videos en los que, con tonos belicosos, amenazó una especie de “descenso del Nibelunghi” del norte de Italia a Nápoles, anunciando una hipotética “invasión” y aludiendo a la violencia contra las mujeres en la ciudad napolitana.
En esta narración del desafío, la violencia y el lenguaje agresivo han construido una audiencia de más de 200 mil seguidores entre TikTok e Instagram. Vídeos montados, insultos, intimidación: una comunicación extrema que, según los contaminantes, ya no se ha limitado al guión delante de la cámara, sino que se transfiere a la vida real.
El engullido al maestro ante su hija
El umbral está fechado a finales de octubre. Según la reconstrucción del fiscal, Don Alì, junto con dos miembros de su equipo, espera a un maestro en la salida del instituto donde el maestro fue a tomar a la hija de tres años y medio.
Justo fuera de la escuela, se rompe la emboscada: el tiktoker le insulta, le acusa de maltratar a un alumno y le golpea con una bofetada en la parte posterior del cuello, bajo los ojos de la chica, que asustó a aferrarse a las piernas del padre.
Las imágenes se filman y montan en un carrete publicado en la página Instagram de Don Alì. En la superimpresión son capciones muy pesadas: el maestro se llama “pedophile” y se presenta como “preda” del ataque.
En el video, el tiktoker afirma que el presunto niño es su sobrino y pronuncia una sentencia que, para el fiscal, integra plenamente la amenaza: “Maestro, la próxima vez que se acosan con un niño y maltratar este vídeo se hará público”.
Sin embargo, las investigaciones de los investigadores, coordinadas por el gerente de los muebles Davide Corazzini, cuestionan esta historia: en el instituto donde enseña al maestro no hay niños inscritos de origen marroquí a la familia de Said Alì.
Resonancia televisiva y nueva intimidación
La historia no se detiene en ese primer vídeo. A principios de noviembre, con la visibilidad obtenida, Don Alì se extiende en sus canales unas cuantas piezas de una entrevista lanzada a la emisión “Le Iene”. En el nuevo contenido se reitera la necesidad de “purar a los que abusan de los niños” y aumentar aún más los tonos: “La próxima vez que el abuso infantil termina mucho peor”, dice, dirigiéndose, aunque indirectamente, al mismo maestro.
El profesor, mientras tanto, se dirige a la policía. También se informa de un certificado médico que atestigua un estado de ansiedad relacionado con la intimidación y la exposición violenta a los medios de comunicación. Para el fiscal, en ese momento, la imagen parece clara: acusaciones infundadas, ganancias sociales y una campaña de delegtimación que sale de la pantalla y afecta la vida real de la supuesta “prey”.
El ataque a la tropa de “Dritto e Rovescio”
El desarrollo de la encuesta no es sólo sobre el maestro. La investigación, coordinada por el viceprocurador Patrizia Caputo y Roberto Furlan, conecta de hecho Don Alì también con la agresión ocurrida el 11 de noviembre contra un grupo de la transmisión “Dritto e Rovescio” del Rete 4, llegó justo en el distrito de Barriera de Milán para entrevistarlo.
Según lo reconstruido, una persona malentendida, armada con un murciélago clonado, golpearía el parabrisas del coche de Mediaset, enviándolo a pedazos. Un mensaje intimidante que, para los contaminantes, encaja en la misma lógica de violencia y rechazo de la confrontación crítica que caracteriza la acción del tiktoker.
Two alleged accomplices of Said Alì, a 24-year-old and a 27-year-old who would accompany him in front of the school during the ambush to the master, were subjected to the obligation to sign on disposal of the gip.
The Don Alì case and the border between social and crime
El caso de Don Alì reabre el debate sobre la frontera, cada vez más sutil, entre la espectacularización en línea y la responsabilidad penal. Contenido envasado para captar la atención, lenguaje hiperviolento, objetivos identificados y puestos al sedán: una fórmula que genera seguidores, pero que, como lo demuestran las protestas del poder judicial, puede convertirse en persecución, difamación y violencia.
Para la “re dei maranza”, esta vez, sin carrete, sin filtro, sin clip para relanzar: sólo una orden de arresto ejecutada en una bodega, lejos de la luz del teléfono inteligente que lo hizo famoso.




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